La maloclusión de Clase III, comprende un conjunto de características faciales y esqueléticas, dentro de las cuales podemos encontrar una maxila retruida, denominada retrognatismo maxilar, una mandíbula protruida o definida como prognatismo mandibular o una combinación de ambas, que se integran para expresar de manera particular las relaciones sagitales maxilo-mandibulares. Además, la desarmonía esquelética se encuentra acompañada de características dentarias particulares según la compensación que el equilibrio entre musculatura, huesos y dientes, puedan condicionar. Según Ravindra Nanda, el manejo de este tipo de maloclusiones lo convierte en “uno de los tratamientos más desafiantes en ortodoncia” dado que el paciente de Clase III o considerado también por el autor como prognata puede definirse como poseedor de “una deformidad facial esquelética caracterizada por una proyección mandibular hacia adelante con respecto a la base craneal, cuando se trata de una clase III ángulo bajo el desafío es aun mas grande ya que requerimos aumentar la altura facial antero inferior donde usualmente el neuromuscular es muy fuerte, el día de hoy podrán ver como la tecnología del gummetal nos ayuda a resolver este tipo de casos clínicos.La cefalometría nos permite elaborar un plan de tratamiento más preciso. No debemos conformarnos con solo observar clínicamente a un paciente y sacar una conclusión. Es nuestro deber constatar los valores reales que el paciente presenta. Es posible encontrar pacientes en valores límites y cualquier acto operatorio pudiera empeorar el caso, de allí la importancia de este análisis. El análisis de Ricketts forma parte de nuestro arsenal para el correcto tratamiento de los pacientes.